Solo recomendaban permanecer en lugares seguros.
Pero los rumores comenzaron a crecer mucho más rápido que el propio viento.
Un hombre aseguró haber visto enormes olas acercándose.
Otra mujer decÃa que los animales estaban actuando de forma extraña desde la madrugada.
Los perros no dejaban de ladrar.
Las aves volaban tierra adentro.
Incluso los caballos permanecÃan completamente inmóviles.
Valeria decidió caminar hasta la playa.
QuerÃa comprobar con sus propios ojos lo que todos comentaban.
Al llegar, encontró algo que nunca olvidarÃa.
El mar estaba inquieto.
No era un oleaje común.
ParecÃa respirar lentamente antes de liberar toda su fuerza.
El agua retrocedÃa unos metros y luego regresaba con violencia.
Los pescadores comenzaron a sacar sus embarcaciones.
Uno de ellos, Don Miguel, llevaba más de cincuenta años viviendo junto al mar.

Miró el horizonte durante varios segundos.
Luego dijo con voz temblorosa.
—Nunca habÃa visto algo parecido.
Aquellas palabras bastaron para que muchas familias comenzaran a preparar mochilas.