—Hija… dicen que la tormenta será diferente.
Valeria sonrió intentando tranquilizarla.
—Mamá, cada año dicen lo mismo.
Pero al mirar nuevamente el cielo, una sensación extraña recorrió todo su cuerpo.
No era miedo.
Era como si el silencio del viento quisiera advertir algo.
Mientras tanto, el anciano párroco del pueblo caminaba lentamente hacia la iglesia.
Las campanas comenzaron a sonar sin que nadie las tocara.
Los vecinos se miraron sorprendidos.
Algunos aseguraban que era el viento.
Otros simplemente guardaron silencio.
La plaza principal empezó a llenarse de personas.
Unas buscaban refugio.
Otras buscaban respuestas.
Los niños preguntaban por qué el cielo estaba tan oscuro si todavÃa era temprano.
Nadie sabÃa qué responder.
En una pequeña cafeterÃa, las noticias hablaban de una tormenta que avanzaba sobre el océano.
No mencionaban tragedias.