La teoría del desequilibrio químico: una narrativa conveniente
Desde los años 90, la idea de que la depresión se debe a un déficit de serotonina se volvió popular gracias a campañas farmacéuticas, respaldos institucionales y la llegada masiva de los ISRS (inhibidores selectivos de recaptación de serotonina).
A través de instituciones oiciales como la Asociación Americana de Psiquiatría, medios y manuales, millones de personas recibieron el mensaje de que sus síntomas emocionales tenían una causa bioquímica corregible con medicación. Esta narrativa fue tan convincente como tranquilizadora: si el problema está en la química, hay una solución clara.
Sin embargo, no estaba respaldada por una evidencia científica concluyente. Aunque los ISRS incrementan la serotonina de forma transitoria, eso no prueba que su déficit sea la raíz del problema. De hecho, lo que comenzó como una hipótesis ha terminado convirtiéndose en un dogma que muchos pacientes asumieron como verdad absoluta.
Ahora, una revisión rigurosa invita a mirar con más cautela esa promesa médica. No se trata de negar la utilidad de los fármacos, sino de cuestionar el porqué de su eficacia y si el relato que se ha contado fue el correcto.
