—Esta casa ya nos toca a nosotros, viejo —gritó—. Ustedes ya disfrutaron suficiente.
Marisol estaba en la cocina, tomando vino en una copa de cristal de su madre.
Ni siquiera se veía avergonzada.
—Papá, no hagas drama —dijo con frialdad—. Beto y yo tenemos hijos. Santiago va a entender.
Beto empujó la caja con el pie.
—La puerta está ahí. Váyanse antes de que me enoje.
Don Rafael no pudo responder.
Solo bajó la cabeza.
Entonces Santiago cerró la puerta detrás de él.
El golpe del seguro apagó la música, la risa y hasta el aire.
Marisol se puso blanca.
Beto se giró con cara de reto.
Santiago miró la caja, las manos temblorosas de su padre y luego clavó los ojos en su cuñado.
—Qué curioso —dijo con una calma helada—. Repíteme, Beto… ¿de quién dijiste que era esta casa?

PARTE 2
Beto soltó una carcajada seca.
Quiso sonar valiente, pero la voz le salió quebrada.
—Mira nada más, ya llegó el millonario de la familia —dijo, acomodándose la camisa abierta—. A ver, Santiago, no te hagas. Esta casa la compraste para la familia.
Santiago avanzó despacio.
No gritó.
Eso asustó más a todos.