Llamé a mi hija Laura desde la habitación del hospital.
Pensé que vendría enseñada.
Llegó, sí… pero no como imaginaba.
Se quedó de pie junto a la puerta, mirando el reloj, como si estuviera perdiendo el tiempo.
xjo sin mirarme a los ojos—. Tengo trabajo, tengo hijos, tengo mi vida.
No tengo tiempo para una enferma vieja.
Arréglatelas con los enfermeros.
Sentí como si me hubieran quitado el aire.
No respondí.
Solo asentí.
Ese día fue el primero de 14 días completamente sola.