Un mismo objetivo para cruzar y atacar
GLUT1 se encuentra abundantemente en los vasos sanguíneos cerebrales porque transporta glucosa, el combustible que el cerebro necesita continuamente para funcionar.
Este transportador también aparece en cantidades elevadas en el glioblastoma, cuyas células consumen grandes volúmenes de energía para sostener su rápido crecimiento.
Por ello, la manosa permitió que una misma nanopartícula reconociera primero la barrera cerebral y, después de atravesarla, se acumulara preferentemente en el tumor.
Los investigadores unieron la manosa directamente al colesterol de las nanopartículas, logrando una cobertura cercana al 30 % sin perder su capacidad para cargar ARN.
Tras administrarlas a ratones sanos, detectaron una acumulación cerebral 9,9 veces mayor que la obtenida con nanopartículas sin este sistema de direccionamiento.
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