Ese característico zumbido que escuchamos cuando una abeja pasa cerca no es casualidad, es el resultado directo de un movimiento tan rápido que nuestros ojos ni siquiera alcanzan a distinguirlo con claridad.
Detrás de un sonido tan simple como el zumbido de una abeja hay todo un mecanismo biológico fascinante, perfeccionado durante millones de años de evolución para hacer posible algo tan importante como el vuelo
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