Ese característico zumbido que escuchamos cuando una abeja pasa cerca no es casualidad, es el resultado directo de un movimiento tan rápido que nuestros ojos ni siquiera alcanzan a distinguirlo con claridad.

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  1. Ese característico zumbido que escuchamos cuando una abeja pasa cerca no es casualidad, es el resultado directo de un movimiento tan rápido que nuestros ojos ni siquiera alcanzan a distinguirlo con claridad.
Las abejas pueden batir sus alas entre doscientas y doscientas cincuenta veces por segundo. Para ponerlo en perspectiva, en el tiempo que dura un parpadeo humano, sus alas ya completaron docenas de movimientos completos.

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