Se sentía incómoda. Profanada. Incluso avergonzada, aunque no había hecho nada malo.
Me sentí impotente. Protectora. Enojada con una criatura diminuta que simplemente intentaba sobrevivir.
Estuvimos hablando de ello durante semanas. "¿Te das cuenta de que esto pasó?", decíamos, meneando la cabeza.
Nos unió aún más. No porque fuera divertido, sino porque lo vivimos juntos. El pánico. La búsqueda. La espera. El alivio.
Una última advertencia: hay que estar alerta.
Emily está bien. La garrapata era inofensiva. Ahora tenemos más cuidado.
Nos revisamos mutuamente después de las caminatas. Usamos repelente de insectos con mayor frecuencia. Conocemos los síntomas de las enfermedades transmitidas por garrapatas.
También sabemos que el pánico es contraproducente. El miedo es comprensible, pero el conocimiento es poder.
Si encuentras una garrapata en ti o en alguien cercano, respira hondo. Retírala correctamente. Guárdala en un lugar seguro. Presta atención a cualquier síntoma. Y consulta a un médico si notas algo inusual.
La mayoría de las picaduras de garrapatas no causan enfermedades. La mayoría de las enfermedades son tratables si se detectan a tiempo.
Pero no ignores las señales de advertencia. Y no dejes que el miedo te impida disfrutar de la naturaleza.
Las garrapatas forman parte de la naturaleza. Pero nosotros también. Y podemos protegernos.
Me encantaría saber tu opinión. ¿Alguna vez te has encontrado una garrapata o has encontrado alguna en alguien que conoces? ¿Cómo reaccionaste? ¿Qué aprendiste de ello? Deja un comentario abajo; los leo todos.
Si esta historia puede ayudar a alguien a mantenerse a salvo, compártela con algún amigo amante de la naturaleza. Un mensaje, un enlace, una simple conversación bastan. La información es la mejor prevención.
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