Si el objetivo es reducir las posibilidades de que entren a la vivienda, existen algunas medidas simples que pueden ayudar. Mantener controlados los niveles de humedad, sellar grietas o pequeñas aberturas, retirar hojas acumuladas cerca de puertas y ventanas y ventilar adecuadamente determinados ambientes son acciones que disminuyen las probabilidades de encontrar estos visitantes dentro del hogar.
En definitiva, aunque la tijereta suele provocar temor por su aspecto poco habitual, la ciencia demuestra que se trata de un insecto generalmente inofensivo y beneficioso para el entorno. Su presencia suele estar vinculada con ambientes donde existe un equilibrio natural y donde encuentra alimento y refugio. Lejos de representar una amenaza, puede convertirse en una aliada silenciosa al colaborar con el control de pequeñas plagas y contribuir al funcionamiento saludable del ecosistema que rodea la vivienda. Por eso, si alguna vez encuentras una en casa, antes de asustarte conviene recordar que, en la mayoría de los casos, simplemente está cumpliendo el papel que la naturaleza le asignó.