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Reconoce tus emociones sin dejar que te dominen.

Sí, estás dolido. Sí, estás enojado. Y no, eso no te convierte en mala persona. Reconocer estas emociones es fundamental, porque negarlas solo las intensificará. Sin embargo, decide conscientemente que no guiarán tus acciones. Sentir no significa volverse cruel; es, de hecho, una forma de fortaleza interior.