La prueba del imán

El oro no es magnético. Si acercás un imán fuerte a tu pieza y esta es atraída, definitivamente no es oro puro, ya que probablemente contiene hierro u otros metales magnéticos. Sin embargo, hay que tener cuidado: algunas falsificaciones sofisticadas utilizan metales no magnéticos, por lo que pasar esta prueba no garantiza automáticamente que la pieza sea auténtica.

La prueba del vinagre

El vinagre blanco es otro reactivo casero útil. Se coloca una gota sobre la superficie de la pieza y se espera unos minutos. Si el color cambia o se produce alguna reacción visible, es señal de que la pieza contiene otros metales. El oro puro no debería mostrar ninguna alteración al contacto con el vinagre.

Química

La prueba de la densidad

El oro es uno de los metales más densos que existen. Podés pesar tu pieza en una balanza precisa y luego sumergirla en un vaso con agua, midiendo cuánto sube el nivel del líquido. Con esos datos podés calcular la densidad y compararla con la del oro puro, que es de aproximadamente 19,3 gramos por centímetro cúbico. Si el valor obtenido es significativamente menor, la pieza contiene aleaciones.

Inspección de marcas y sellos

Las piezas de oro auténticas suelen tener grabados que indican su pureza en quilates (por ejemplo, 24K, 18K, 14K) o en milésimas (999, 750, 585). Aunque este método no es definitivo porque los sellos también pueden falsificarse, es una primera aproximación útil para descartar piezas evidentemente falsas.

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