Con ayuda de terapia, el apoyo de algunos familiares y mucho esfuerzo, Sofía comenzó lentamente a reconstruir su vida. Empezó a colaborar como voluntaria en una organización que brindaba contención a padres que atravesaban situaciones similares. Allí descubrió que escuchar a otros también la ayudaba a sanar.

Dos años pasaron casi sin darse cuenta.

Una mañana, mientras organizaba unas cajas con donaciones para la fundación, alguien pronunció su nombre.

—¿Sofía?

Al levantar la vista, reconoció inmediatamente a la médica.

Sin pensarlo dos veces caminó hacia ella con la intención de abrazarla y agradecerle por aquel gesto que nunca había olvidado.

Pero justo cuando estuvo frente a ella, notó algo que la dejó completamente inmóvil.

La médica llevaba colgado del cuello un pequeño dije con forma de estrella.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *