HIERBA DE LA GOLONDRINA: PEQUEÑA, LECHOSA Y MUY CONOCIDA PARA LOS GRANOS

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Un granito pequeño que aparece ocasionalmente no se compara con lesiones dolorosas, llenas de pus, calientes, muy inflamadas o acompañadas de fiebre. Tampoco es normal que una herida permanezca abierta, sangre repetidamente o siga creciendo. En esos casos, la prioridad ya no es buscar qué planta ponerle, sino descubrir qué está ocurriendo.
La hierba de la golondrina guarda una parte importante del conocimiento tradicional. Nuestros abuelos aprendieron a reconocerla, sabían dónde crecía y la utilizaban con cuidado para ciertos problemas de la piel. Ese conocimiento merece conservarse, pero también debe ir acompañado de prudencia. Las plantas tienen sustancias activas y algunas pueden ayudar, irritar o dañar dependiendo de la especie, la cantidad y el lugar donde se apliquen.
Antes de arrancarla, hay que observarla bien: crece casi pegada al suelo, tiene ramas delgadas, hojas pequeñas y, al cortarla, suelta una savia blanca. No debe confundirse con cualquier planta parecida, porque varias especies reciben nombres semejantes y no todas tienen los mismos componentes.
La hierba de la golondrina puede estar creciendo a unos pasos de la puerta y pasar años sin que nadie repare en ella. Su tamaño es pequeño, pero su leche es fuerte. Para los granos se ha usado durante generaciones; aun así, debe aplicarse con medida, únicamente sobre la piel afectada y sin acercarla a los ojos. Conocer una planta también significa saber hasta dónde puede usarse y cuándo es mejor detenerse.

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