Después de 60 años, descubren que la metformina para la diabetes tiene un efecto inesperado en el cerebro.

Las dosis altas saltan la ruta cerebral, pero no son la solución

El estudio también encontró que dosis extremadamente altas del medicamento pueden sortear la necesidad de Rap1. Cuando los investigadores usaron concentraciones muy superiores a las clínicas, la metformina volvió a bajar el azúcar incluso en los ratones sin Rap1.

Sin embargo, estas dosis no representan una alternativa segura. Funcionan más como una comprobación de laboratorio que como una estrategia terapéutica. Los investigadores lo describen como usar un volumen tan grande del medicamento que el cuerpo se ve obligado a responder por otras rutas, aunque no sea lo ideal.

Además, incluso estas dosis no lograron reproducir por completo los efectos observados en animales con Rap1 intacta. Esto refuerza la idea central del estudio: el cerebro no solo contribuye al efecto de la metformina, sino que lo hace de forma indispensable a dosis normales.

Coclusión

Después de más de medio siglo, la metformina vuelve a sorprendernos. El presente estudio, muestra que parte de su acción depende del cerebro y, en particular, de la proteína Rap1. Este descubrimiento cambia la forma en que entendemos un medicamento que parecía completamente conocido.

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