Un nuevo estudio revela que las tormentas solares podrían ser más peligrosas de lo que creíamos

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Durante décadas, los científicos pensaban que existía un límite natural en la respuesta de la Tierra cuando una tormenta solar muy intensa llegaba al planeta. En otras palabras, se creía que, aunque el Sol enviara más energía, llegaba un punto en que las alteraciones del campo magnético terrestre dejaban de aumentar. Sin embargo, un equipo encabezado por el físico Nithin Sivadas, del Centro Goddard de la NASA, junto con investigadores de la Universidad de Lancaster, revisó más de un millón de mediciones realizadas por los satélites MMS y THEMIS.

Un nuevo estudio revela que las tormentas solares podrían ser más peligrosas de lo que creíamos

El resultado fue sorprendente: ese supuesto “techo” nunca existió. Los investigadores descubrieron que se trataba de un efecto provocado por la forma en que se analizaban los datos obtenidos a grandes distancias de la Tierra. Al corregir ese sesgo, observaron que la intensidad de la respuesta terrestre sigue aumentando conforme el viento solar se vuelve más fuerte, lo que significa que los eventos extremos podrían ser mucho más intensos de lo estimado hasta ahora.

¿Por qué una tormenta solar puede afectar la vida cotidiana?

Aunque las tormentas solares ocurren a casi 150 millones de kilómetros de distancia, sus efectos pueden sentirse aquí cuando las partículas cargadas alcanzan la magnetosfera terrestre. La buena noticia es que la atmósfera y el campo magnético nos protegen, por lo que estos fenómenos no representan un riesgo directo para la salud de las personas que se encuentran en la superficie.

Un nuevo estudio revela que las tormentas solares podrían ser más peligrosas de lo que creíamos

Donde sí pueden causar problemas es en la tecnología que utilizamos todos los días. Redes eléctricas, satélites, sistemas GPS, telecomunicaciones, aviación y servicios de navegación dependen de un entorno espacial relativamente estable. Si una tormenta geomagnética es suficientemente intensa, puede generar corrientes eléctricas capaces de afectar transformadores, interferir señales o alterar el funcionamiento de equipos en órbita. De hecho, en 1989, una tormenta solar dejó sin electricidad a millones de personas en Quebec, Canadá, mientras que en 2022 otra provocó la pérdida de 38 satélites Starlink poco después de su lanzamiento.

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