El sistema digestivo también experimenta modificaciones importantes. Después de los 70, el estómago produce menos ácido y el intestino funciona con mayor lentitud, lo que repercute en la digestión y en la absorción de nutrientes esenciales. Esto puede generar sensaciones de pesadez, digestiones más lentas o episodios de estreñimiento. Además, existe una mayor probabilidad de desarrollar deficiencias de vitaminas y minerales como la vitamina B12 , el hierro o el calcio. Adaptar la alimentación, incorporando porciones más pequeñas y alimentos ricos en fibra, suele ser una de las estrategias más efectivas para acompañar estos cambios.
El equilibrio es otro de los aspectos que puede verse afectado. Con el tiempo, intervienen factores como el deterioro del oído interno, cambios en la visión y una menor rapidez en las respuestas del cerebro. Todo esto puede aumentar el riesgo de caídas, una de las principales preocupaciones en esta etapa. Sin embargo, diversos estudios han demostrado que realizar ejercicios específicos puede mejorar notablemente la estabilidad. Actividades simples, como mantener el equilibrio sobre un pie o practicar movimientos controlados, contribuyen a fortalecer la coordinación y reducir riesgos.