—Mamá, fue una broma…
—Mamá, exageraste…
—Mamá, no puedes hacernos esto…
No respondí.
Ese mismo día, el banco llamó.
La hipoteca quedó suspendida.
El auto fue reclamado.
Las tarjetas, bloqueadas.
La “vida cómoda” desapareció en menos de 24 horas.
Epílogo
Pasaron meses antes de que volvieran a buscarme.
Ya no con gritos.
Ya no con burlas.
Con vergüenza.
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